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Apostolado Mundial de Fátima · Delegación de Mallorca

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Evangelii Gaudium — La alegría del Evangelio, Papa Francisco
✦ Reflexión

Evangelii Gaudium. La alegría de evangelizar.

Rafael Verger
16 de abril de 2026

Estamos a pocos pasos del final del cristianismo sociológico. De aquel cristianismo en el que el cristiano y el ciudadano coincidían, y en el cual no se podía haber otra cosa que cristianos: la fe heredada, y por lo tanto debida, descontada, obligada. Ha terminado el tiempo del «catecumenado sociológico».

Caminamos hacia un tiempo en el cual las personas, inmersas en un pluralismo cultural y religioso, elegimos ser cristianos o no, porque la cultura actual no transmite más la fe, sino la libertad religiosa.

La respuesta inadecuada a esta situación es la de la nostalgia, que se traduce en una pastoral de multiplicar el trabajo pastoral para que las cosas vuelvan a la fe como estaban antes, cuando todo el mundo estaba relacionado con la Iglesia. Se trata de una generosidad pastoral mal orientada. Si la Iglesia continúa permaneciendo fija en lo que le está a sus espaldas, muy pronto será transformada en una estatua de sal (Gn 19,26). Se trata de buscar los «odres nuevos»: una manera de ir buscando nuevas formas de evangelización; incluso podemos adaptar las nuevas iniciativas que a los hermanos separados les puedan ir bien.

La dirección correcta es la de una pastoral de la propuesta, de una comunidad que, en su conjunto, en todas sus expresiones y dimensiones, se haga testigo del Evangelio dentro de, y no en contra del, propio contexto cultural.

Sacerdote y joven evangelizando — la Iglesia en salida

La Iglesia en salida — discípulos misioneros

Nosotros nacimos como levadura; con el tiempo nos hemos convertido en masa —el cristianismo sociológico— y hemos perdido nuestra fuerza de ser levadura. El Señor está reconduciendo su Iglesia a vivir como una minoría. La tentación eclesial puede ser la de replegarse en una «secta minoritaria», es decir, «aparte» de la historia y de la cultura, o peor, una minoría «contra». ¿Cómo ser minoría de magnitud y no minoría secta o minoría contra? Esto es lo que está en juego.

¿Debemos lamentarnos frente al escenario no cristiano actual? Para la Evangelii Gaudium hay que alegrarse, porque lo que nos espera es potencialmente mejor que lo que estamos perdiendo.

Dejamos el cristianismo de la costumbre y la obligación; nos estamos moviendo hacia una adhesión a la fe marcada por la libertad y la gratuidad. Me parece que este es un primer elemento decisivo que acoger de la Evangelii Gaudium: el propio título expresa la alegría, una alegría que manifiesta la disponibilidad de habitar en esta cultura sin campanarios como situación favorable para el anuncio del Evangelio.

«No sería inútil que cada cristiano y cada evangelizador examinasen en profundidad, a través de la oración, este pensamiento: los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si, por negligencia, por miedo, por vergüenza —lo que san Pablo llamaba avergonzarse del Evangelio— o por ideas falsas, omitimos anunciarlo?»

El sentido de este texto es el siguiente: Dios puede salvar más allá de nuestro anuncio; pero si no predicamos, ¿podemos ser salvos? No en el sentido de que si no evangelizamos faltamos a un deber, sino en el sentido de que nosotros, destinatarios preciosos de la gracia, no la hemos hecho nuestra, no nos ha alcanzado. Y entonces es legítimo cuestionar nuestra salvación. Si el encuentro con el Señor Jesús ha llegado a nuestra vida, no puede ser tenido solo para uno mismo. Si lo mantenemos solo para nosotros, entonces no nos ha alcanzado de verdad, y por lo tanto es legítimo cuestionar nuestra salvación.

«El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar… No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos.»

Evangelii Gaudium, 265-266

La motivación: la alegría

La motivación del anuncio es doble: la alegría de lo que se nos ha dado gratuitamente y con amor, y el deseo de dar a los demás lo que es más valioso para nosotros y sin mérito nuestro: «para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1,1-4).

El centro de la vida del evangelizador es una relación personal. Sin la experiencia de la amistad y de la presencia de Jesús, se pierde el entusiasmo, se deja de estar seguro de lo que se transmite, falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie. Se trata de que el fuego del Espíritu arda dentro del evangelizador, como aquel que habla desde dentro y no desde afuera.

A partir del encuentro con Cristo, el discípulo misionero se reconoce a sí mismo como marcado a fuego para la misión de iluminar, bendecir, vivificar, sanar y liberar, animado por la pasión por Jesús y su pueblo (EG, 201); misión que compromete toda la vida. El encuentro se prolonga en la intimidad itinerante con Él, que lleva a la docilidad, al dejarse conducir por el Espíritu que ilumina y guía.

La obra de la evangelización no es nuestra, es de Él. El Resucitado actúa y no falta su gracia. En consecuencia, no se pierde ninguno de los trabajos realizados con amor, ni las preocupaciones, ni los cansancios, ni la paciencia vivida. Es el encuentro con Él lo que constituye la primera motivación para evangelizar. Estas convicciones alimentan la alegría misionera.

La virtud de la caridad es alcanzar almas para Dios; nuestra misión es iluminar y dar razón de nuestra fe. «¡Ay de mí si no evangelizo!», dice san Pablo. Y nos lo advierte a cada cristiano: estamos llamados a hacer discípulos, no solo a compadecernos de los no creyentes, sino a anunciar a Cristo Resucitado, nuestra alegría.

La parábola de la levadura — símbolo del Reino de Dios

La parábola de la levadura — símbolo del Reino de Dios

Nuestro ser Iglesia nos compromete a ser lugar de misericordia gratuita, donde todos se sientan acogidos, amados, perdonados y alentados a vivir el Evangelio. Ello implica el proceso de hacerse todo para todos: Cristo mismo se anonadó tomando la condición de esclavo, bajó a los infiernos de nuestra miseria y desde allí nos redimió con su Sangre. En otras palabras, vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los desafíos como fermento testimonial.

En el esfuerzo por construir comunión, el privilegiar a los pobres es expresión de fe en Cristo pobre y cercano a los pobres, ya que el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para ellos. Ello implica la ascesis que lleva a liberarse de las cadenas del individualismo indiferente y egoísta, y la preocupación por el cuidado de los más frágiles, los lentos, los débiles y los menos dotados.

El testimonio de comunión fraterna entre cristianos será atractivo y resplandeciente gracias al esfuerzo de cuidado, aliento y acompañamiento mutuo. Implica la mística del vivir juntos: mezclarnos, encontrarnos, tomarnos de los brazos, apoyarnos, participar; lo que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación, en la unidad y el amor fraterno. Se cultiva con la cercanía, el cariño y la ternura, teniendo como icono a María, para así poder anunciar a Jesús.

— Rafael Verger
La cruz al amanecer — símbolo de la Resurrección
✦ Reflexión

La Resurrección: ¿qué significa creer que Cristo resucitó?

José Francisco
6 de abril de 2026

Acabamos de vivir la Semana Santa. Las procesiones, el silencio del Viernes Santo, la oscuridad del Sábado... y de repente, el domingo, el anuncio que lo cambia todo: «¡Ha resucitado!»

Pero seamos sinceros. Muchas veces decimos esas palabras casi de memoria, como quien recita algo aprendido de niño. Y sin embargo, si nos paramos un momento y nos preguntamos de verdad qué significa que Cristo resucitó... la pregunta es enorme.

No es lo mismo resucitar que revivir

Lázaro volvió a la vida. Los médicos reaniman a personas que habían dejado de respirar. Pero todos ellos, tarde o temprano, volvieron a morir. La Resurrección de Cristo es otra cosa completamente distinta. Jesús no volvió a la vida para morir otra vez. Entró en una vida nueva, definitiva, que ya no tiene fin. Una vida que está más allá de todo lo que podemos imaginar.

Y esa vida, nos dice el Evangelio, está abierta también para nosotros.

¿Por qué importa tanto?

San Pablo lo dijo con una claridad que da vértigo: «Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido» (1 Cor 15,17). No lo suavizó, no lo adornó. Si la Resurrección no ocurrió, todo lo demás — las misas, las oraciones, el esfuerzo por vivir bien — sería un engaño.

Pero si ocurrió — y los apóstoles lo afirmaron con tal convicción que prefirieron morir antes que negarlo — entonces cambia absolutamente todo. El dolor tiene sentido. La muerte no es el final. El amor es más fuerte que cualquier cosa.

La Virgen de Fátima aparece a los tres pastorcillos

Las apariciones de Fátima — 1917

Creer no es solo aceptar un dato histórico

Creer en la Resurrección no es como creer que Napoleón existió o que la Tierra es redonda. Es algo mucho más personal. Es confiar en que el mismo Jesús que resucitó está vivo hoy, ahora mismo, y que le importas. Que te conoce por tu nombre. Que el bien que haces no se pierde. Que las personas que has querido y que ya no están contigo no han desaparecido para siempre.

Creer en la Resurrección es, en el fondo, atreverse a vivir con esperanza.

Y aquí entra Fátima

En 1917, en un mundo sacudido por la guerra y el miedo, la Virgen María se apareció a tres niños en Fátima. Su mensaje, en el fondo, no era complicado: rezad, convertíos, volved a Dios. Pero detrás de esas palabras sencillas había algo más profundo: un recordatorio urgente de que Cristo ha vencido, de que el bien triunfa sobre el mal, de que la historia no está en manos del caos sino en manos de Dios.

La Virgen no vino a asustar. Vino a señalar lo mismo que señaló siempre: a su Hijo. Al Resucitado. Su mensaje es, en esencia, el mismo mensaje de Pascua: no tengáis miedo.

Por eso el Apostolado de Fátima no es simplemente una devoción más. Es una escuela de esperanza. Cada Rosario que rezamos es una forma de decir que creemos en ese Cristo vivo que venció a la muerte. Cada vez que nos reunimos, cada vez que rezamos juntos, estamos afirmando con nuestra vida que la Resurrección importa, que cambia las cosas, que cambia a las personas.

El Rosario — oración que une tierra y cielo

El Rosario — oración que une tierra y cielo

«No tengáis miedo. Yo he vencido al mundo.»

Jn 16,33

Una pregunta para llevar en el bolsillo

Esta semana, cuando el ruido del día a día vuelva a llenarlo todo, quizás valga la pena hacerse esta pregunta sencilla: ¿Vivo yo como alguien que cree de verdad que Cristo resucitó?

No para juzgarnos. Sino para recordar que esa fe, si la dejamos entrar de verdad, tiene el poder de transformar cualquier cosa. Incluso lo más oscuro de nuestra vida.

— José Francisco
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✦ Entrevista

«Soy la criadita de María» — Catalina, voz del Rosario de la Aurora y Radio María en Mallorca

Catalina — Coordinadora de Radio María en Mallorca
Entrevistada
Catalina Bauzá
Coordinadora de Radio María · Presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca
27 de marzo de 2026

Catalina lleva casi dos décadas siendo la voz y el corazón de Radio María en Mallorca. Pero su historia con la Virgen va mucho más allá de los micrófonos: atraviesa una enfermedad que casi le cuesta la vida, un amanecer en las calles de Palma y una deuda de gratitud que dice jamás podrá saldar. La entrevistamos para conocer su testimonio de fe.

Pregunta

¿Cómo llegaste a Radio María y al Rosario de la Aurora? ¿Sientes que la Virgen te fue llevando hacia ello?

Llegué a Radio María a través del coche. Estaba conduciendo y de repente se sintonizó Radio María sin haberla buscado. El primer día me quedé un poco sorprendida, sin saber muy bien qué era aquello. Y en alguna otra ocasión volvió a ocurrir lo mismo: esa radio seguía apareciendo, como si me buscara, como si insistiera en hacerse notar. Y así, de forma sutil pero persistente, fue calando en mí, hasta que llegó a llamarme enormemente la atención por las creencias que yo tenía. Decidí llamar a Madrid, y desde allí me remitieron al responsable que había en ese momento en Mallorca. Se alegró muchísimo porque empezaba la andadura aquí y necesitaban gente. En aquel momento éramos tres: dos hombres y yo. Poco a poco fue viniendo gente y se fue haciendo más grande. Me preguntó si quería ser la responsable de la difusión, dije que sí, y juntos cada sábado íbamos a misa y después salíamos a un pueblo, a otro, a los conventos, a las parroquias para que Radio María se conociera en toda Mallorca. Al final lo conseguimos, gracias a Dios. Un día me llamaron desde Madrid y me dijeron: «Catalina, vamos a nombrarte coordinadora.» Fue un cambio importante, pero aquí llevamos ya unos 19 años en Radio María, y yo llevo unos 17 como coordinadora del grupo de Mallorca.
Pregunta

¿Cómo nació en ti la idea de impulsar el Rosario de la Aurora en Mallorca?

El Rosario de la Aurora es algo muy especial para mí porque me viene muy ligado a una enfermedad que tuve. Sentí que la Virgen estaba conmigo en esos momentos, que me salvaba la vida. No había solución, y fueron momentos decisivos. No podía hablar, tenía mucho dolor, y desde mi mente me dirigía a Ella, poniéndome en sus brazos. Simplemente le decía: «No hay nada que hacer, me pongo en tus brazos.» Y Ella me salvó. Tengo una deuda que jamás le podré pagar a la Virgen. Y de ahí salió la idea de volver a iniciar en Mallorca el Rosario de la Aurora, como estaba hace muchos años y que había desaparecido. Lo hemos vuelto a instaurar en Palma, y esa Virgen que sale a la calle... cuando yo la miro pienso: «Tú estabas conmigo.» Y nunca en mi vida le podré pagar lo que ha hecho por mí.
Catalina Bauzá — Coordinadora de Radio María en Mallorca

Catalina Bauzá · Coordinadora de Radio María · Presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca

Pregunta

¿Qué sientes cuando sales a rezar el Rosario al amanecer por las calles de Palma?

Para mí salir por las calles de Palma al amanecer me conmueve, porque pienso que la Virgen sale hacia todas esas personas que a esa hora se encuentran en la calle, posiblemente camino de su trabajo. Lo he podido ver: mientras la Virgen va caminando y nosotros vamos con Ella rezando, muchas veces nos encontramos con chicas jóvenes, con gente joven, que al verla pasar desde la acera se detienen un instante y le dedican un gesto espontáneo de ternura, como si el corazón les hablara antes que la razón. Para mí eso me emociona: ver que es Ella quien va en busca de sus hijos, y los encuentra cuando van quizás a comprar el pan, o a su trabajo, o se retiran de haber pasado la noche con amigos. También me emociona llegar a algún convento donde la reciben con las campanas. Recuerdo un año en que abrieron las puertas y la recibieron con un velón encendido cada una de las hermanas. Fueron momentos muy hermosos. Ella no solo recibe a sus hijos: camina y se acerca a ellos. Sale a la calle.
Pregunta

¿Cómo describirías tu relación personal con la Virgen María?

Mi relación con la Virgen es a diario: el Rosario a diario, estar con Ella a diario. Como cualquier cristiano que se siente unido a su madre. Todos tenemos una madre aquí en la tierra, ¿y qué hijo no le gusta estar con su madre, hablar con ella, acercarse a ella? Pues es lo mismo. Lo que pasa es que no la vemos físicamente, pero la sentimos, la notamos en el corazón. Yo la noto a mi lado en muchos momentos. Le pido que me acompañe, que me guíe, que me ayude. Siento ese contacto, esa unión, ese calor con la Virgen María. Es nuestra madre. Y tanto en Radio María como con el Rosario de la Aurora me siento muy ligada a Ella.
Pregunta

¿Ha habido algún momento en tu vida en que sintieras la presencia de la Virgen de forma especial?

Sí, la sentí cuando estuve muy grave en la UCI. La sentí en todo momento, en todos los días que estuve en el hospital. Cuando desperté de aquel momento fatídico y dramático, vi una imagen suya que me habían traído, y lo único que pensé fue: «He quedado.» ¿Y qué más podía hacer yo que trabajar por Ella, estar con Ella para lo que me pida? Yo siempre digo una cosa: que soy la criadita de María. Si quiere alguna cosa que yo buenamente pueda hacer, que me lo ponga en el pensamiento, que para Ella lo haré.
Pregunta

¿Qué le dirías a alguien que nunca ha rezado el Rosario o que se ha alejado de la fe?

Esas personas que sienten ese vacío que no saben cómo llenar... eso realmente es la ausencia de María y, en especial, la ausencia del Señor. Desgraciadamente vivimos una época en que hay mucha gente que necesita una palabra de consuelo, una palabra de cariño. Pensar que estás en este mundo de paso, que trabajas, que sufres enfermedades, que te quedan sin nadie... y todo esto sin ver un final positivo, sin sentir la mano de Dios. Eso es muy duro. Yo le pediría a estas personas que den un voto de confianza a la Virgen y al Señor, pero también a esa mano amiga que se acerca a ellos. No para marcarles nada en la cabeza, sino para enseñarles un camino. Ese tesoro que guardamos en nuestro interior es un regalo de María, y ellos también pueden tenerlo. Basta con empezar a abrir ese lazo, porque dentro de esa caja hay el tesoro de la vida más extraordinario. Y cuando se termine esta vida, nos encontramos con los brazos de María que nos lleva a Cristo.

«Basta con empezar a abrir ese lazo, porque dentro de esa caja hay el tesoro de la vida más extraordinario. Y cuando se termine esta vida, nos encontramos con los brazos de María que nos lleva a Cristo.»

— Catalina Bauzá, coordinadora de Radio María en Mallorca
y presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca
✦ Reflexión de Semana Santa

Semana Santa: ¿vacaciones o encuentro con Dios?

Rafael Verger
25 de marzo de 2026

La Semana Santa ha arrancado con un tiempo espléndido que ha animado a muchos españoles a coger el coche, el vuelo o el tren y aprovechar estas pequeñas vacaciones. Pero hay propuestas para todos, también para los que se quedan descansando en casa.

La recuperación económica anima a gastar en ocio de nuevo, según los hosteleros. Los españoles no solo viajarán más que hace un año, sino que lo harán por más tiempo. Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada y Málaga son los destinos preferidos.

¿Eres cristiano? ¿Son para ti días de vacaciones?

El significado de esta semana es puramente cristiano; sin embargo, este período de asueto es empleado por muchas personas para realizar actividades de esparcimiento y diversión. Este «tiempo santo» muy bien podría ser utilizado para reflexionar en qué cosas podemos hacer para realizar cambios positivos en nuestras vidas.

El verdadero significado

Para los cristianos, la Semana Santa es el tiempo litúrgico más importante, dedicado a la oración y a la reflexión sobre los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios.

Los cristianos interpretan la Semana Santa no como el recuerdo de un hecho histórico, ni como un momento de vacaciones sin sentido; para ellos es tiempo de perdón y de reconciliación fraterna, expulsando de sus corazones el rencor, el odio y la envidia.

El Triduo Pascual

Jueves Santo — Abre el Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico.

Viernes Santo — Se conmemora la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Sábado Santo — Se medita sobre el misterio de la pasión de Cristo.

Domingo de Resurrección — El momento de mayor júbilo: se celebra la resurrección de Jesús.

Sea cual sea la manera en que cada uno viva estos días —de viaje, en casa o en oración—, la invitación de la Iglesia es siempre la misma: detenerse, mirar hacia dentro y renovar el encuentro con el Dios que murió y resucitó por amor a cada uno de nosotros.

— Rafael Verger
✦ Reflexión espiritual

El hombre que quiso ocupar el lugar de Cristo

José Francisco
22 de marzo de 2026

Un hombre rezaba con frecuencia delante de un crucifijo. Mirando a Jesús en la cruz, pensaba que el mundo estaba lleno de injusticias que él no entendía. Un día, mirando fijamente el crucifijo, dijo en voz alta: «Señor, permíteme ocupar tu lugar aunque sea por un momento. Déjame estar en la cruz y tú baja aquí. Quiero sentir lo que tú sentiste.»

Y en ese instante, de manera misteriosa, el hombre se encontró en la cruz y Jesús estaba de pie ante él. El hombre, desde arriba, miraba todo con nuevos ojos. Veía la iglesia, las personas que entraban y salían, el bullicio de la vida ordinaria. Y en un momento dado, entró un hombre adinerado y oró, y después depositó una gran limosna. El hombre en la cruz pensó: «Yo le habría dado todo, no solo una limosna.»

Luego entró una mujer pobre con un niño pequeño. Oró con fervor, y al marcharse, sin darse cuenta, dejó caer su pequeño monedero. El hombre rico, que aún estaba cerca, lo recogió y se lo guardó en el bolsillo. El hombre en la cruz, indignado, quiso bajar y hacer justicia. Pero Jesús, desde abajo, le susurró: «Quédate quieto y calla.»

Más tarde entró un marinero joven, que claramente llevaba una larga travesía encima. Oró brevemente y se quedó dormido en el banco. Poco después entró un anciano que empezó a insultar al marinero, acusándolo de borracho y vago. El hombre en la cruz quiso intervenir, gritar, defender al muchacho inocente. Y de nuevo, Jesús le dijo: «Quédate quieto y calla.»

La lección que no esperaba

Al terminar el día, Jesús le dijo al hombre que bajara de la cruz. El hombre, lleno de rabia e indignación, reclamó: «¿Cómo pudiste quedarte callado? ¡El rico robó a la pobre! ¡El anciano insultó al inocente! ¿Dónde está la justicia?»

Y Jesús respondió con calma: «Cuando el rico recogió el monedero, la mujer pobre no lo notó. Llegó a casa, lo buscó desesperadamente y, al no encontrarlo, rezó con más fervor que nunca y encontró paz. El marinero que parecía borracho llevaba meses en el mar y esta era su primera noche en tierra. Si no se hubiera dormido aquí, habría ido a buscar alcohol y habría destruido su noche. Y el anciano que le insultó no era un mal hombre: estaba confundiendo al marinero con el hombre que hace años mató a su hijo. No era odio, era dolor.»

«Tú solo veías una pequeña parte de la historia. Yo veo la vida entera de cada persona. Por eso, cuando estás en mi lugar, lo que parece injusto desde fuera puede ser exactamente lo que alguien necesita.»

La conexión con Fátima

Este relato me recuerda el mensaje de Fátima. La Virgen no vino a explicar el sufrimiento del mundo. Vino a invitarnos a confiar: a rezar, a ofrecer, a no perder la fe aunque no entendamos. Igual que el hombre en la cruz no podía ver lo que veía Jesús, nosotros tampoco vemos el cuadro completo de la vida de los demás, ni de la nuestra propia.

La oración del Rosario es precisamente eso: un acto de confianza. Un «me pongo en tus manos» repetido misterio a misterio. Un reconocimiento de que hay una mirada más grande que la nuestra, y que esa mirada es amor.

«Tú solo veías una pequeña parte de la historia. Yo veo la vida entera de cada persona.»

— José Francisco
✦ Reflexión bíblica

Cuando una historia pequeña cambia la historia

José Francisco
17 de marzo de 2026

El Libro de Rut es uno de los relatos más breves de la Biblia, pero cuenta una historia muy humana. Una familia de Belén se marcha a Moab a causa del hambre. El padre muere. Los dos hijos se casan con mujeres moabitas. Y luego, los dos hijos también mueren. Noemí, la madre, se queda sola en tierra extranjera, sin marido, sin hijos, sin futuro visible.

Decide volver a su tierra. A sus nueras les dice que se vayan, que busquen un nuevo futuro en sus propios pueblos. Una de ellas, Orfá, la besa y se marcha. Pero Rut se aferra a ella y pronuncia unas palabras que han atravesado siglos: «A donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.»

Una decisión que cambia todo

Esa decisión de Rut —quedarse, acompañar, fidelidad sin garantías— cambia el curso de una historia que ella no podía imaginar. Llegan a Belén. Rut va a espigar al campo de Booz, un hombre rico y bueno que resulta ser pariente de Noemí. Booz la trata con respeto, le da agua, le permite comer con sus trabajadores, le ordena a los segadores que dejen caer espigas a propósito para que ella las recoja.

Al final, Booz la toma por esposa. De esa unión nacerá Obed, el padre de Jesé, el padre de David. Y de la línea de David nacerá Jesús de Nazaret. Una mujer extranjera, viuda, sin recursos, que tomó una decisión de fidelidad en medio de la desolación, se convierte en parte del árbol genealógico del Salvador.

«A donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.»

— Rut 1, 16

Lo que nos dice hoy

La historia de Rut nos recuerda que Dios trabaja a través de decisiones pequeñas, de fidelidades cotidianas, de actos de amor que no parecen grandiosos pero que tienen un peso enorme en la historia real. No hacen falta grandes gestos. Hace falta quedarse cuando todo invita a marcharse. Hace falta acompañar cuando nadie te lo exige.

En el Apostolado de Fátima hacemos algo parecido: nos quedamos. Rezamos cuando podría parecer que no sirve de nada. Acompañamos a personas que quizás nunca sabremos cuánto necesitaban ese acompañamiento. Y confiamos en que Dios, que vio la fidelidad de Rut, también ve la nuestra.

Dios trabaja a través de decisiones pequeñas, de fidelidades cotidianas, de actos de amor que no parecen grandiosos pero que tienen un peso enorme en la historia real.

— José Francisco
✦ Reflexión pastoral

Hacia una Nueva Evangelización

Rafael Verger
9 de marzo de 2026

La fe hay que cuidarla. Como todo lo que vale en la vida, necesita atención, tiempo y renovación. Y hoy, más que nunca, la Iglesia nos invita a pasar de una acción personal de fe a una acción expansiva: compartirla, comunicarla, hacerla visible.

La Nueva Evangelización no es un concepto nuevo inventado por los teólogos modernos. Es la respuesta de la Iglesia a una pregunta muy concreta: ¿cómo anunciamos el Evangelio a personas que ya fueron bautizadas, que conocen a Cristo de nombre, pero que se han alejado de la fe viva? No es misión en tierras lejanas. Es misión en nuestro barrio, en nuestra familia, en nuestra comunidad.

Nuevo en el ardor, en los métodos, en la expresión

San Juan Pablo II, que acuñó esta expresión, decía que la Nueva Evangelización debía ser nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión. No el mismo mensaje dicho de la misma manera esperando resultados diferentes. Sino el mismo mensaje eterno comunicado con la frescura, la creatividad y la valentía que el momento histórico requiere.

Esto implica salir. No esperar a que la gente venga a nosotros. La Virgen de Fátima nos da un ejemplo hermoso: ella no esperó que los pastorcillos fueran a buscarla. Fue ella quien los buscó. Salió a su encuentro en un lugar ordinario, en medio de su vida cotidiana, mientras cuidaban los rebaños.

La Nueva Evangelización no es hablar más de Dios. Es vivir de tal manera que nuestra vida haga preguntas que solo Dios puede responder.

El Apostolado como escuela de evangelización

El Apostolado de Fátima es, en sí mismo, una forma de Nueva Evangelización. Cuando rezamos el Rosario en público, cuando compartimos un artículo de reflexión, cuando organizamos una peregrinación o simplemente cuando hablamos con naturalidad de nuestra fe a quienes nos rodean, estamos evangelizando.

No hace falta ser teólogo. No hace falta tener respuesta para todas las preguntas. Hace falta, como decía el Beato Carlos de Foucauld, ser una «presencia» del amor de Dios allí donde estamos. Una presencia silenciosa pero real, que atrae por lo que es, no solo por lo que dice.

La Virgen no esperó a que los pastorcillos fueran a buscarla. Fue ella quien los buscó. Salió a su encuentro en un lugar ordinario, en medio de su vida cotidiana.

— Rafael Verger

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