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Apostolado Mundial de Fátima · Delegación de Mallorca

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La Piedad
Nuestra Señora de los Dolores

«No te detengas en mis lágrimas. Mira a Jesús»

AnaSonia Gutiérrez Diplan
Septiembre de 2026

El día de Nuestra Señora de los Dolores es el 15 de septiembre, día posterior a la Exaltación de Santa Cruz.

El Papa Benedicto XIII (1727) extendió la festividad de los Dolores a toda la Iglesia Universal (en el marco de la Cuaresma). Y San Pío X (1913) le dio el rango oficial que conocemos hoy. Con ello la Iglesia recuerda la compañía inseparable de la Virgen María al Pie de la Cruz en la Pasión de Jesús.

La Festividad nos hace contemplar y honrar el sufrimiento que vivió María a lo largo de la vida de su Hijo, resaltando su papel como Madre y acompañante en la Redención.

La devoción de la Virgen de los Dolores nació de un proceso de contemplación teológica y espiritual a lo largo de la Edad Media. Su origen responde al cambio en la sensibilidad religiosa de la Europa Medieval (siglos XI al XIII), donde teólogos y monjes comenzaron a reflexionar en la Pasión de Cristo desde la perspectiva de la Madre; se enfocaron en el amor, la compasión, empatía y la condición humana de María al sufrir por su Hijo, Jesús.

El auge sobre la meditación de la Cruz, el profundo interés por los pasos del Vía Crucis, y los sufrimientos físicos y emocionales de la Pasión dieron paso a la escritura de textos decisivos; se compuso el himno que se atribuye a Jacopone da Todi: "Stabat Mater Dolorosa, Iuxta Crucem Lacrimosa..." "Estaba La Madre Dolorosa, Llorando Junto a la Cruz".

La propagación de la Advocación fue a través de varias Órdenes Religiosas, Santos y decisiones Populares como:

-"Los Servitas" (Los Siervos de María) cuya espiritualidad gira en torno al sufrimiento vivido con esperanza.

--"Los Cistersienses" su tradición espiritual está profundamente marcada por la devoción Mariana. San Bernardo de Claraval, fue un gran enamorado de María y escribió mucho sobre Ella, se le atribuye la expresión (martyr in anima) mártir en el alma, no porque muriera físicamente como mártir, sino porque padeció profundamente en su interior al contemplar la Pasión de su Hijo; María PERMANECE junto a Jesús y participa de su dolor desde lo más profundo de su ALMA.

-"Los Franciscanos" a través de sus predicaciones populares, de los Vía Crucis en las Iglesias y calles, enseñaron al pueblo a acompañar a la Virgen en el Camino del Calvario.

-A través de Cofradías, Hermandades y Órdenes Misioneras: Jesuitas, Franciscanos, Dominicos, que llevaron esta Devoción al Nuevo Mundo.

La devoción gira en torno a "Los Siete Dolores de María" momentos de mayor aflicción en su vida. En cada momento que Acompaña a su Hijo en La Misión la Madre siempre tiene la Virtud de Amar de una manera NUEVA.

María está Allí. Amó, Permaneció. No huyó del Amor cuando el Amor se volvió Dolor:

Los Siete Dolores de María

1- La Profecía de Simeón: "y a Ti misma una espada te atravesará el alma" (Lc 2, 35) María no entiende el futuro, pero decide seguir confiando y caminando con Dios.

2- La huida a Egipto: el peligro y el exilio para proteger a su Hijo del Rey Herodes. María se pone en camino porque Dios se lo pide; su seguridad no está en que las circunstancias sean seguras o en un lugar, sino en CONFIAR en Aquel que la guía, Dios. Virtud del abandono confiado.

3- La pérdida del Niño Jesús en el Templo: tres días buscándolo; no deja de buscar hasta encontrarlo, búsqueda perseverante, virtud de la humildad; incluso quien Ama profundamente a Dios pasa por momentos de oscuridad.

4- Encuentro con Jesús camino del calvario: no puede evitar el sufrimiento de su Hijo, no puede quitarle la Cruz; pero sí puede COMPARTIRLA, virtud de la compasión.

5- La Crucifixión y Muerte de Jesús: María al Pie de la Cruz, al presenciar la agonía y muerte de su Hijo, La Madre PERMANECE, virtud de fortaleza entendida como la capacidad de seguir AMANDO cuando el corazón está roto.

María a los pies de la Cruz

6- El descendimiento de Cruz: Recibe y sostiene el cuerpo inerte de Jesús en sus brazos, en su inmensa ternura no hay reproches, solo AMOR.

7- La Sepultura de Jesús: La tristeza ante el Entierro y la Esperanza en La Fe. Cuando todo parece terminado María tiene una de las virtudes más difíciles: la esperanza contra toda esperanza, no deja de Creer.

En el Evangelio de San Juan 19: 25-27 "junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre"

Jesús confía a María al Discípulo Juan, momento en que María es entregada como Madre Espiritual de todos los creyentes.

¿Qué hizo posible que una mujer atravesara tanto dolor sin perder la esperanza? La respuesta no está en la fuerza de María, está en la Fidelidad de Dios. Ella creyó que Dios cumpliría su promesa. Desde el momento que María dijo "HÁGASE" nunca dejó de confiar en el Amor que la sostenía. María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón (Lc. 2,19). Actitud contemplativa e interior en el proceso activo de entrelazar los diferentes acontecimientos para buscar su sentido profundo.

La misión de María sigue siendo "Haced lo que Él os Diga".

Ninguna Lágrima había sido inútil. Todo había quedado abrazado por la RESURRECCIÓN de su Hijo.

Hablar de los Dolores de María, es hablar de su esperanza, de su fe, de su confianza en Dios y de su capacidad de conducirnos a Cristo. No la llamamos Bienaventurada porque sufrió más que nadie, sino porque creyó más que nadie, y esa fe sostuvo su esperanza, transformó su dolor en Amor y la convirtió en Madre de todos nosotros. El dolor no cerró su corazón, lo hizo todavía más capaz de acoger.

María sabe acompañar también nuestras cruces

María Sabe acompañar también nuestras cruces; su corazón no es un destino final, siempre es un camino que orienta y conduce hacia su Hijo Jesús, nuestra esperanza!

Existe una conexión profunda entre Nuestra Señora de los Dolores y la Virgen de Fátima, tanto en la simbología visual de las apariciones como en el corazón mismo de sus mensajes.

A primera vista la imagen de Fátima evoca Luz y Esperanza, mientras que la de Los Dolores transmite Luto y Aflicción.

El vínculo visual más directo ocurrió durante la última aparición, en Cova de Iría, 13 de octubre de 1917, el día del famoso Milagro del Sol. Mientras la multitud presenciaba el fenómeno solar, los tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta) tuvieron visiones celestiales; Lucía Dos Santos, relató en sus Memorias que la Virgen se le presentó bajo distintas advocaciones, y una de ellas fue explícitamente Nuestra Señora de los Dolores.

La presencia de la Virgen Dolorosa, en la gran manifestación final de Fátima, señala que el sufrimiento redentor es una pieza central del mensaje.

Llamado a la Reparación y los Siete Dolores. En Fátima, María muestra su Corazón cercado de espinas que le clavan quienes cometen pecados y blasfemias. Tanto la devoción a los Dolores como el mensaje de Fátima piden al creyente no solo acudir a María para pedir favores, sino "Acompañarla y Consolarla en su aflicción por la Humanidad".

Hay aquí una coincidencia teológica: Nuestra Señora de los Dolores centra su mirada en el dolor de María al pie de la Cruz en la Pasión de Cristo. Nuestra Señora de Fátima centra su mirada en la tristeza de María por la pérdida de almas y el alejamiento de Dios.

La respuesta que se pide al fiel es la misma en el fondo: meditación, conversión personal y compasión con la Madre; oración —el Santo Rosario—; penitencia y reparación por los pecadores.

Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará

Las dos Advocaciones señalan que el sufrimiento no es en vano si se une al de Cristo. En los Dolores, María sufre con Jesús por la Redención del Mundo. En Fátima, María pide a los niños y a los fieles que ofrezcan sacrificios y oración para colaborar en la salvación de las almas.

Pudiera decirse que la Virgen de Fátima es la actualización del mensaje de la Virgen de los Dolores en estos últimos siglos (XX y XXI), Fátima toma el dolor del Calvario y lo aplica a la realidad contemporánea, recordando que el Corazón de la Madre sigue sufriendo por los errores del mundo. Prometiendo al final una gran esperanza:

"Al Final, Mi Corazón Inmaculado Triunfará".

AnaSonia Gutiérrez Diplan

Gracias a D. Jaime Ripoll, Consiliario del Apostolado Mundial de Fátima en Mallorca, por sus consejos en esta reflexión.

Llit de la Mare de Déu

El Llit de la Mare de Déu: cuando Mallorca vela el sueño de María

José Francisco
Agosto de 2026

Cada 15 de agosto, mientras el resto del mundo celebra la Asunción de la Virgen con una misa y quizás una comida familiar, en Mallorca ocurre algo distinto. En decenas de iglesias de la isla, alguien coloca con cuidado, sobre un lecho preparado durante días, la imagen de una Virgen dormida. La rodean velas, hierbabuena, albahaca, flores de temporada. Y allí queda, en silencio, mientras los fieles pasan a su lado y se detienen un momento.

Lo llaman el Llit de la Mare de Déu. Y aunque yo llevo toda la vida viéndolo, confieso que tardé años en preguntarme de dónde viene y qué significa de verdad.

Dormida, no muerta

La fiesta del 15 de agosto conmemora el tránsito de María, su paso de esta vida a la gloria del cielo en cuerpo y alma. Ya en el siglo IV, la liturgia oriental hablaba de este día como «el recuerdo de María». Más adelante, en el siglo VI, se le empezó a llamar Dormición, porque la tradición prefirió imaginar a María no como alguien que muere, sino como alguien que se duerme, para despertar ya coronada.

Esa imagen —una madre que se duerme sin dolor, esperando el abrazo de su Hijo— es precisamente la que representan estos «llits» que se levantan en tantas parroquias de la isla. No es un velatorio triste. Es, más bien, una vigilia de esperanza.

Una tradición que viene de lejos

Llit de la Mare de Déu en la parroquia de La Vileta
Iglesia de la Purísima Concepción, La Vileta

Estas instalaciones se remontan al siglo XIV, cuando en varios territorios de la Corona de Aragón —Mallorca, Valencia, el Principado, incluso Cerdeña— empezaron a montarse estas escenificaciones efímeras del tránsito de María. Con el tiempo, en casi ningún otro lugar se conservó la costumbre con tanto cariño como aquí. La imagen yacente, custodiada por velas, palio y hierbas aromáticas, recuerda a las procesiones antiguas y guarda un aire de familia con tradiciones que siguen vivas en el cristianismo oriental.

Este año, según los últimos datos, más de ochenta «llits» se exponen en iglesias de toda la isla, entre Palma y la Part Forana. No está mal para una tradición que en el siglo XX pasó por momentos de olvido y que, gracias a la fe sencilla de tanta gente, ha vuelto a florecer.

Un recorrido por los "llits" de Palma

Antes de detenerme en La Vileta, quiero compartir una pequeña muestra de lo que puede encontrarse este 15 de agosto recorriendo las iglesias de Palma. Cada parroquia viste a su Virgen dormida de un modo distinto, pero en todas se repiten los mismos elementos: el palio que la cubre, los ángeles que la custodian y los cirios que la velan.

Catedral de Palma
Catedral de Palma
Iglesia de Santa Magdalena
Iglesia de Santa Magdalena
Iglesia de San Jaime
Iglesia de San Jaime
Monasterio de la Purísima Concepción
Monasterio de la Purísima Concepción
Iglesia de Santa Cruz
Iglesia de Santa Cruz
Iglesia de San Nicolás
Iglesia de San Nicolás
Basílica de Sant Francesc
Basílica de Sant Francesc
Iglesia de Nuestra Señora del Socorro
Iglesia de Nuestra Señora del Socorro
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced
Iglesia de Nuestra Señora de la Merced

La Vileta, un rincón especial

Quiero detenerme en un lugar concreto: la parroquia de la Purísima Concepción de La Vileta. No es casualidad que hable de ella. Buena parte de los miembros de nuestro Apostolado pertenecemos a esta parroquia, cuyo rector es también nuestro conciliario. Y hay un motivo más: en su interior se guarda una de las tres únicas imágenes de la Virgen de Fátima que existen en toda Mallorca.

Virgen de Fátima en la parroquia de La Vileta
Iglesia de la Purísima Concepción, La Vileta

Encuentro un paralelismo precioso entre las dos imágenes que conviven bajo el mismo techo. Por un lado, la Virgen dormida, entregada por completo a la voluntad de Dios, esperando su Asunción. Por otro, la Virgen de Fátima, de pie, coronada, con las manos juntas en oración, la misma que en 1917 pidió a tres pastorcillos que rezaran el rosario por la paz del mundo.

Son la misma María. La que se entregó dormida a los brazos de su Hijo es la misma que, siglos después, sigue viniendo a nosotros para pedirnos lo mismo de siempre: conversión, oración, confianza. El «llit» nos recuerda su descanso; Fátima nos recuerda su misión, que continúa.

Una esperanza que también es nuestra

San Pablo escribió: «Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a la vida» (1 Cor 15,22). La Asunción de María es la primera confirmación, después de la Resurrección de Cristo, de que esa promesa es real. Si el cuerpo de María, que llevó en su seno al Hijo de Dios, fue llevado en gloria al cielo, es porque también nuestros cuerpos, un día, tienen ese mismo destino.

Por eso, cuando este 15 de agosto pasemos junto a un «llit» —quizás precisamente el de La Vileta— no lo miremos solo como una tradición bonita o una pieza de museo. Miremos a María dormida y pensemos que ella, la primera en llegar, nos espera. Y que la misma Virgen que en Fátima nos pidió el rosario, es la que hoy, coronada, intercede por nosotros ante su Hijo.

El Inmaculado Corazón de María

El Inmaculado Corazón de María: un corazón hecho para Dios

José Francisco
Agosto de 2026

Cuando uno lleva un tiempo en el Apostolado de Fátima, hay cosas que vas comprendiendo poco a poco. No de golpe. No en un momento de iluminación. Sino despacio, casi sin darte cuenta, como cuando la luz del amanecer va entrando por la ventana sin que puedas señalar el momento exacto en que se hizo de día.

Una de esas cosas es el Inmaculado Corazón de María.

¿Qué significa que su Corazón sea inmaculado?

La palabra «inmaculado» nos suena a algo muy solemne, muy de catecismo. Pero en el fondo es sencilla: significa sin mancha. Sin la mancha del pecado original que todos llevamos desde el principio.

María fue preservada de esa mancha desde el primer instante de su existencia. No porque ella lo mereciera, sino porque Dios quiso prepararle un corazón limpio para que pudiera recibir a su Hijo. Un corazón que no estuviera torcido por el egoísmo, por el orgullo, por ese impulso que todos tenemos de ponernos a nosotros mismos en el centro.

Cuando ella dijo «hágase en mí según tu palabra», no tuvo que vencerse a sí misma para decirlo. Lo dijo con todo su ser, sin fisuras. Eso es lo que me parece más hermoso de ella.

Un corazón que sufrió

Simeón en el Templo con el Niño Jesús y María
La Presentación en el Templo: Simeón le anuncia a María que una espada atravesará su alma (Lc 2,35)

Pero que su Corazón fuera inmaculado no significa que no sufriera. Al contrario. El anciano Simeón le dijo: «Una espada te atravesará el alma» (Lc 2,35). Y así fue. María vivió lo que ninguna madre debería vivir: ver a su hijo condenado, torturado y crucificado.

La Virgen de los Dolores con siete espadas en el corazón
La Virgen de los Dolores: su Corazón atravesado por siete espadas, con el Calvario al fondo

Un corazón inmaculado no es un corazón que no siente. Es un corazón que siente todo con una intensidad que nosotros no podemos imaginar. Precisamente porque ama de verdad.

¿Por qué nos lo ofrece como refugio?

«Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará hasta Dios.»

Nuestra Señora de Fátima — 1917

¿Por qué un corazón puede ser un refugio? Porque en ese Corazón no hay nada que te haga daño. No hay juicio, no hay rechazo, no hay condición. Hay simplemente amor. El amor de una madre que te conoce tal como eres y te acoge igual.

Y lo más importante: ese Corazón no te retiene. Te lleva. Ella no quiere que te quedes en ella. Quiere llevarte a su Hijo. Como siempre ha hecho.

Una devoción para toda la vida

Una mujer rezando ante la imagen del Inmaculado Corazón de María
La devoción al Inmaculado Corazón de María, vivida en el silencio de la oración cotidiana

Hay devociones que uno empieza con entusiasmo y va dejando. Esta no es de esas. El Inmaculado Corazón de María es una compañía para toda la vida. Cuanto más tiempo pasa, más uno entiende por qué en el Apostolado de Fátima es el centro de todo lo que hacemos.

Porque en ese Corazón está la respuesta a lo más profundo que uno lleva dentro: el deseo de amar bien, de ser amado, de llegar a Dios sin perderse por el camino. Y ella está ahí para acompañarnos. Paso a paso. Sin prisa. Sin abandonarnos.

— José Francisco

La Virgen María mostrando su Inmaculado Corazón

Agosto: el mes del Inmaculado Corazón de María

José Francisco
Agosto de 2026

Hay cosas que la Iglesia ha ido aprendiendo despacio, con el paso de los siglos. No porque Dios llegara tarde, sino porque nosotros necesitamos tiempo para comprender lo que Él nos quiere decir.

La devoción al Inmaculado Corazón de María es una de esas cosas.

Una devoción que viene de lejos

La devoción al Inmaculado Corazón no es nueva. Empezó a abrirse camino gracias a San Juan Eudes (1601-1680), llamado el apóstol de los Sagrados Corazones en la Francia del siglo XVII. Él fue el primero en unir la devoción al Corazón de Jesús con la del Corazón de María, entendiendo que no se pueden separar.

Fue Pío XII quien en 1944 la extendió oficialmente a toda la Iglesia universal. Y el 31 de octubre de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, consagró el mundo entero al Inmaculado Corazón de María mediante un mensaje radiofónico transmitido al Santuario de Fátima.

El Papa Pío XII y su devoción al Inmaculado Corazón de María
El Papa Pío XII, quien el 31 de octubre de 1942 consagró el mundo entero al Inmaculado Corazón de María

Y aquí entra Fátima

La Virgen de Fátima apareciendo a los tres pastorcillos
La Virgen de Fátima apareciendo a los tres pastorcillos en 1917, mostrando su Inmaculado Corazón

No podemos hablar del Inmaculado Corazón de María sin hablar de Fátima. En 1917, cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcillos, no vino simplemente a pedir oraciones. Vino a mostrar su Corazón, rodeado de espinas.

«Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará hasta Dios.»

Nuestra Señora de Fátima — 1917

No un camino entre otros. El camino. La Madre señalando siempre hacia el Hijo. En el Apostolado de Fátima, el Inmaculado Corazón de María es el centro de todo lo que hacemos: el camino de conversión, de paz, y de unión con Dios.

¿Por qué agosto?

Rosario y estampa del Inmaculado Corazón de María
El rosario y la devoción al Inmaculado Corazón: dos caminos inseparables hacia Dios

Agosto es el mes en que la Iglesia nos invita a mirar el Corazón de la Madre. A aprender de ella la actitud fundamental del cristiano: guardar, meditar, confiar. Decir sí aunque no se entienda todo.

El Inmaculado Corazón de María no es una imagen bonita para colgar en la pared. Es un modelo de vida. Y este mes, la Iglesia nos lo recuerda.

— José Francisco

La Virgen María mostrando su Inmaculado Corazón

Agosto: el mes del Inmaculado Corazón de María

José Francisco
Agosto de 2026

Hay cosas que la Iglesia ha ido aprendiendo despacio, con el paso de los siglos. No porque Dios llegara tarde, sino porque nosotros necesitamos tiempo para comprender lo que Él nos quiere decir.

La devoción al Inmaculado Corazón de María es una de esas cosas.

Un corazón que guardaba todo

El Evangelio lo dice de una manera sencilla que a mí siempre me ha llamado la atención. Después del nacimiento de Jesús, después de la visita de los pastores, después de todo aquello que no podía caber en una sola noche, San Lucas escribe: «María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

No dijo que lo entendía todo. No dijo que no tenía preguntas. Dijo que lo guardaba. Que lo custodiaba. Que dejaba que aquello fuera madurando dentro de ella. Eso es lo que la Iglesia llama el Corazón de María: no una imagen sentimental, sino la vida interior de una mujer que supo decir sí a Dios en todas las circunstancias, incluso cuando no entendía, incluso cuando dolía.

Una devoción que viene de lejos

La devoción al Inmaculado Corazón no es nueva. Empezó a abrirse camino gracias a San Juan Eudes (1601-1680), llamado el apóstol de los Sagrados Corazones en la Francia del siglo XVII. Él fue el primero en unir la devoción al Corazón de Jesús con la del Corazón de María, entendiendo que no se pueden separar.

Después vinieron los papas. El Papa Pío VII instituyó una fiesta en honor del Purísimo Corazón de María, que fue confirmada por el beato Pío IX. Pero fue Pío XII quien en 1944 la extendió oficialmente a toda la Iglesia universal, con el fin de obtener por medio de la intercesión de María la paz entre las naciones, la libertad de la Iglesia, la conversión de los pecadores, el amor a la pureza y la práctica de las virtudes.

El Papa Pío XII y su devoción al Inmaculado Corazón de María
El Papa Pío XII, quien el 31 de octubre de 1942 consagró el mundo entero al Inmaculado Corazón de María

¿Por qué en ese momento? Porque el mundo estaba en llamas. Era la Segunda Guerra Mundial. Y el 31 de octubre de 1942, en plena contienda, Pío XII consagró el mundo entero al Inmaculado Corazón de María mediante un mensaje radiofónico transmitido al Santuario de Fátima, con motivo del 25.º aniversario de las apariciones. Sabía que la respuesta a tanta oscuridad no podía venir solo de los hombres.

Y aquí entra Fátima

La Virgen de Fátima apareciendo a los tres pastorcillos
La Virgen de Fátima apareciendo a Lucía, Francisco y Jacinta en 1917, mostrando su Inmaculado Corazón

No podemos hablar del Inmaculado Corazón de María sin hablar de Fátima. Las dos cosas están tan unidas que es imposible separarlas.

En 1917, cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcillos, no vino simplemente a pedir oraciones. Vino a mostrar su Corazón. En la aparición de junio, Lucía describió cómo Nuestra Señora abrió sus manos y de ellas salía una luz que parecía penetrar la tierra. Y en ese instante vieron el Corazón de María, rodeado de espinas.

«Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará hasta Dios.»

Nuestra Señora de Fátima — 1917

No un camino entre otros. El camino. La Madre señalando siempre hacia el Hijo. En el Apostolado de Fátima, este mensaje tiene un significado especial. Porque nosotros no somos devotos de Fátima por devoción al lugar, sino por devoción al mensaje. Y el mensaje de Fátima tiene un centro: el Inmaculado Corazón de María como camino de conversión, de paz, y de unión con Dios.

¿Por qué agosto?

La tradición marcó el mes de agosto para recordarnos el significado de esta devoción, en el que le pedimos a María un corazón puro para ser verdaderos templos del Espíritu Santo.

No hay que buscarle más explicación que esa. Agosto es el mes en que la Iglesia nos invita a mirar el Corazón de la Madre. A aprender de ella la actitud fundamental del cristiano: guardar, meditar, confiar. Decir sí aunque no se entienda todo.

Una pregunta para llevar este mes

Rosario y estampa del Inmaculado Corazón de María
El rosario y la devoción al Inmaculado Corazón: dos caminos inseparables hacia Dios

¿Qué guardo yo en mi corazón?

María guardaba los misterios de Dios. Los cuidaba. Los dejaba crecer dentro de ella hasta que llegaba el momento de entenderlos.

Agosto es una invitación a hacer lo mismo. A tomarse un momento, en medio del verano y del ruido, para preguntarse qué hay en el centro de nuestra vida. Y si ese centro está orientado hacia Dios.

El Inmaculado Corazón de María no es una imagen bonita para colgar en la pared. Es un modelo de vida. Y este mes, la Iglesia nos lo recuerda.

— José Francisco

La Crucifixión de Cristo

¿Por qué es tan importante el derramamiento de la sangre?

Rafael Verger — Delegado diocesano AMF
Julio de 2026

En relación con el sacrificio de Abel todo es claro. Él trajo de «las primicias de sus frutos» al Señor, y allí, en el primer acto de adoración registrado en la Biblia, se derramó sangre. Fue «por fe» que Abel ofreció un sacrificio aceptable. Su fe, y el beneplácito de Dios en él, están estrechamente relacionados con la sangre del sacrificio.

El sacrificio del cordero
El sacrificio del cordero: desde Abel hasta Abraham, la sangre derramada prefigura la redención definitiva

Con Moisés aprendemos que la vida solo puede obtenerse por la muerte de un sustituto. Mediante la aspersión de la sangre del cordero pascual en los marcos de las puertas, Dios enseñó a su pueblo: «Cuando vea la Sangre, pasaré de largo de vosotros».

La sangre del cordero pascual en el dintel
La noche del Éxodo: la sangre del cordero en el dintel protege a los israelitas

«Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros y por muchos se derrama para remisión de los pecados. Bebed de ella todos.»

Mateo 26,28

Jesucristo declaró claramente que su muerte en la cruz era el propósito por el cual vino al mundo. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, ha procurado una reconciliación real, perfecta y eterna. Todo esto que la fe nos revela sobre la Preciosa Sangre no puede quedarse en una verdad abstracta. El mensaje de Fátima nos ofrece el camino: oración, penitencia y conversión del corazón como respuesta personal y libre a esa gracia que Cristo nos ganó con su sangre.

— Rafael Verger, Delegado diocesano AMF

Sagrado Corazón de Jesús

El Sagrado Corazón de Jesús: el amor que no pide permiso

José Francisco
Mayo de 2026

Hay cosas que uno da por sabidas y que, sin embargo, cuando te paras a mirarlas de verdad, te dejan sin palabras.

El Sagrado Corazón de Jesús es una de ellas.

La imagen la conocemos todos: Jesús señalando su corazón, coronado de espinas, con una llama encima. La hemos visto en iglesias, en casas de abuelas, en estampas antiguas. Y quizás, precisamente por eso, la hemos mirado sin ver.

Pero si nos detenemos un momento y preguntamos de verdad qué significa ese corazón abierto... la respuesta es más grande de lo que parece.

Un corazón que no espera a que lo merezcas

Visión de Santa Margarita María de Alacoque
Santa Margarita María de Alacoque recibiendo la visión del Sagrado Corazón

La devoción al Sagrado Corazón no nació en una academia de teología. Nació de una visión. En el siglo XVII, una religiosa francesa llamada Margarita María de Alacoque recibió lo que ella describió como apariciones de Cristo, que le mostraba su corazón ardiendo de amor por la humanidad, y al mismo tiempo herido por la indiferencia, el olvido y el rechazo.

Lo que Jesús le pedía no era complicado: que ese amor fuera conocido. No que fuera merecido. No que fuera ganado. Solo conocido.

El confesor de Santa Margarita María
El Padre Claude de la Colombière, confesor de Margarita María, confirmó la autenticidad de sus visiones

Porque el amor del Sagrado Corazón no funciona como el amor humano, que espera correspondencia, que se cansa si no recibe respuesta. El amor de ese Corazón ama antes de que respondamos. Ama incluso cuando lo ignoramos. Ama especialmente a los que más lejos están.

«Dios demuestra su amor por nosotros en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Rm 5,8

No cuando éramos buenos. No cuando ya lo habíamos arreglado todo. Cuando todavía éramos pecadores.

¿Por qué el corazón?

Podría parecer una imagen sentimental, casi anticuada. Pero hay algo muy profundo en elegir el corazón como símbolo.

El corazón no es el cerebro. No piensa. No calcula. El corazón siente. El corazón quiere. El corazón se entrega.

Y eso es exactamente lo que Jesús quiso decirnos: que Dios no nos ama desde la distancia fría de quien administra el universo. Nos ama con la cercanía cálida de quien se ha dejado afectar por nosotros. La encarnación no fue un plan ejecutado con frialdad. Fue un acto de amor desmesurado, irreversible, total.

En ese Corazón hay espacio para todos. También para ti, aunque ahora mismo no te lo creas.

Y aquí entra el Corazón de María

El Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María
El Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María: unidos en el mismo amor

No podemos hablar del Sagrado Corazón de Jesús sin hablar del Inmaculado Corazón de María. No porque sean la misma cosa. Son distintos. Pero están íntimamente unidos, como lo están el hijo y la madre.

«Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te llevará hasta Dios.»

Nuestra Señora de Fátima — 1917

Ese corazón que habló a los tres pastorcillos es el mismo que sufrió junto a la Cruz, el mismo que guardó en silencio todas las palabras de Jesús, el mismo que aceptó ser madre de todos nosotros en el momento más oscuro del Calvario.

El Corazón de María no reemplaza al Corazón de su Hijo. Lo señala. Como siempre ha hecho ella: señalar a Jesús.

Si el Sagrado Corazón es el océano del amor divino, el Inmaculado Corazón de María es la barca que nos lleva a él. Por eso en el Apostolado de Fátima no podemos separar estas dos devociones. Son el mismo camino, recorrido juntos.

Primer viernes, primer sábado

Cristo, en las apariciones a Margarita María de Alacoque, hizo una promesa que sigue en pie: quien comulgue en nueve primeros viernes de mes consecutivos, con disposición de reparación, recibirá la gracia de la perseverancia final.

Y Nuestra Señora de Fátima pidió algo paralelo: los primeros sábados de mes, en reparación al Inmaculado Corazón de María.

No son promesas mágicas. Son invitaciones a tomarnos en serio ese amor que ya está ahí, esperando que lo recibamos.

Una pregunta para llevar esta semana

¿Cuándo fue la última vez que te dejaste amar por Dios?

No rezar. No pedir. No cumplir con lo que toca.

Simplemente dejarte amar.

El Sagrado Corazón no necesita que llegues perfecto. Necesita que llegues. Y el Corazón de María siempre está ahí para acompañarte en el camino.

— José Francisco

Nuestra Señora de Fátima con los tres niños pastores
✦ Reflexión

Mayo, mes de María: el regalo de Fátima

José Francisco
Mayo de 2025

Desde tiempos inmemoriales, mayo ha sido en la tradición católica el mes consagrado a la Virgen María. No es una devoción accidental: la primavera, con su explosión de vida y de luz, se convirtió para nuestros antepasados en el marco natural más elocuente para honrar a aquella que el Evangelio proclama «llena de gracia». Los campos florecidos, el cielo más largo y luminoso, el canto de los pájaros: todo invita a alzar los ojos y el corazón hacia quien es, según la Iglesia, «aurora del día nuevo».

El 13 de mayo de 1917: cuando el cielo toca la tierra

Pero mayo tiene también una fecha que lo marca con letras de fuego en la historia contemporánea de la fe: el 13 de mayo. Aquel día de 1917, en la pequeña Cova da Iria, cerca de Fátima, en Portugal, tres niños pastores —Lucía, Francisco y Jacinta— vieron por primera vez a «una Señora más brillante que el sol», tal como ellos mismos la describirían. Tenían 10, 9 y 7 años. No eran teólogos ni visionarios de carrera: eran hijos del pueblo sencillo, criados entre ovejas y rosarios.

La Señora se les aparecería seis veces entre mayo y octubre de 1917, casi siempre el día 13. La única excepción fue agosto: el administrador civil de la zona, Artur de Oliveira Santos, hizo detener a los tres niños para impedirles acudir a la Cova da Iria. Aquel mes, la aparición tuvo lugar el 19 de agosto en Valinhos, un paraje cercano, donde la Virgen se presentó a pesar de todo.

Lucía, Francisco y Jacinta viendo a Nuestra Señora de Fátima

Los tres pastores de Fátima viendo a la Virgen María

Un mensaje de claridad desconcertante

Su mensaje fue de una claridad desconcertante: oración, penitencia y conversión. No traía ideologías ni recetas políticas. Traía algo más radical: la invitación a volver a Dios desde lo más hondo de la conciencia humana. «¿Estáis dispuestos a ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros?», preguntó en el primer encuentro. Los niños dijeron que sí. Y cumplieron su palabra hasta las últimas consecuencias.

El 13 de mayo de 1917 no puede entenderse sin el contexto que lo rodea. Europa ardía en la Primera Guerra Mundial. Rusia se desmoronaba en revoluciones que cambiarían el mapa del siglo. La secularización galopaba por Occidente. Y en ese escenario de sombra, la Virgen eligió un rincón perdido de Portugal para recordar que la historia no está sólo en manos de los poderosos, sino también —y sobre todo— en manos de Dios.

«Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará.»

Nuestra Señora de Fátima, 13 de julio de 1917

Tres pilares que siguen siendo absolutamente actuales

El mensaje de Fátima se articula en torno a tres pilares que siguen siendo absolutamente actuales. El primero es el rezo del Santo Rosario, que la Señora pidió en cada una de sus apariciones. No como devoción anticuada, sino como escuela de contemplación: recorrer la vida de Jesús junto a María, misterio a misterio, es aprender a mirar la propia vida con ojos de fe.

El segundo pilar es la devoción al Corazón Inmaculado de María, signo de una ternura materna que intercede sin descanso por sus hijos. El tercero, la reparación y la penitencia, que no son masoquismo espiritual, sino lucidez: reconocer que el mal existe, que el pecado hiere, y que podemos unirnos a Cristo para reparar lo que el egoísmo destruye.

Estos tres pilares no son invenciones piadosas. Son la expresión más sencilla y profunda del Evangelio, presentada a través de la ternura de una madre que mira a sus hijos con amor infinito.

Nuestra Señora de Fátima con los pastorcillos y el Santuario de Fátima

Nuestra Señora de Fátima · Santuario de Fátima, Portugal

La vida que sigue después de las apariciones

Francisco y Jacinta murieron en la epidemia de gripe de 1918 y 1920, siendo aún niños. Fueron beatificados por San Juan Pablo II en el año 2000 y canonizados por el Papa Francisco en 2017, en el centenario de las apariciones. Lucía ingresó en el Carmelo, donde vivió hasta los 97 años, siendo testigo de cómo el mundo tardó décadas en escuchar lo que aquellos niños anunciaron.

El 13 de mayo tiene además otra resonancia que estremece: en ese mismo día de 1981, un atentado en la Plaza de San Pedro estuvo a punto de acabar con la vida del Papa Juan Pablo II. Él mismo atribuyó su supervivencia a la intervención de la Virgen de Fátima, y peregrinó al santuario para dar gracias. Una de las balas que le hirieron se conserva hoy incrustada en la corona de la imagen de Nuestra Señora de Fátima.

Esto no es casualidad. Es un signo de que el mensaje de Fátima sigue siendo vigente, que sigue tocando corazones, que sigue transformando vidas en la Fe.

Juan Pablo II en oración ante Nuestra Señora de Fátima

Juan Pablo II rezando ante el Santuario de Fátima — 1981

Una invitación para este mayo

Este mayo, mientras seguimos viviendo en un mundo que sigue necesitando conversión y paz, volvamos al mensaje sencillo y profundo de Fátima: rezar, confiar, ofrecer. María no nos pide cosas extraordinarias. Nos pide que amemos a su Hijo y que no nos cansemos de rogar por el mundo.

Como hicieron tres niños en un campo de Portugal, hace más de cien años, que no sabían que estaban cambiando la historia. Si ellos pudieron, ¿por qué no nosotros?

— José Francisco

Evangelii Gaudium — La alegría del Evangelio, Papa Francisco
✦ Reflexión

Evangelii Gaudium. La alegría de evangelizar.

Rafael Verger
16 de abril de 2026

Estamos a pocos pasos del final del cristianismo sociológico. De aquel cristianismo en el que el cristiano y el ciudadano coincidían, y en el cual no se podía haber otra cosa que cristianos: la fe heredada, y por lo tanto debida, descontada, obligada. Ha terminado el tiempo del «catecumenado sociológico».

Caminamos hacia un tiempo en el cual las personas, inmersas en un pluralismo cultural y religioso, elegimos ser cristianos o no, porque la cultura actual no transmite más la fe, sino la libertad religiosa.

La respuesta inadecuada a esta situación es la de la nostalgia, que se traduce en una pastoral de multiplicar el trabajo pastoral para que las cosas vuelvan a la fe como estaban antes, cuando todo el mundo estaba relacionado con la Iglesia. Se trata de una generosidad pastoral mal orientada. Si la Iglesia continúa permaneciendo fija en lo que le está a sus espaldas, muy pronto será transformada en una estatua de sal (Gn 19,26). Se trata de buscar los «odres nuevos»: una manera de ir buscando nuevas formas de evangelización; incluso podemos adaptar las nuevas iniciativas que a los hermanos separados les puedan ir bien.

La dirección correcta es la de una pastoral de la propuesta, de una comunidad que, en su conjunto, en todas sus expresiones y dimensiones, se haga testigo del Evangelio dentro de, y no en contra del, propio contexto cultural.

Sacerdote y joven evangelizando — la Iglesia en salida

La Iglesia en salida — discípulos misioneros

Nosotros nacimos como levadura; con el tiempo nos hemos convertido en masa —el cristianismo sociológico— y hemos perdido nuestra fuerza de ser levadura. El Señor está reconduciendo su Iglesia a vivir como una minoría. La tentación eclesial puede ser la de replegarse en una «secta minoritaria», es decir, «aparte» de la historia y de la cultura, o peor, una minoría «contra». ¿Cómo ser minoría de magnitud y no minoría secta o minoría contra? Esto es lo que está en juego.

¿Debemos lamentarnos frente al escenario no cristiano actual? Para la Evangelii Gaudium hay que alegrarse, porque lo que nos espera es potencialmente mejor que lo que estamos perdiendo.

Dejamos el cristianismo de la costumbre y la obligación; nos estamos moviendo hacia una adhesión a la fe marcada por la libertad y la gratuidad. Me parece que este es un primer elemento decisivo que acoger de la Evangelii Gaudium: el propio título expresa la alegría, una alegría que manifiesta la disponibilidad de habitar en esta cultura sin campanarios como situación favorable para el anuncio del Evangelio.

«No sería inútil que cada cristiano y cada evangelizador examinasen en profundidad, a través de la oración, este pensamiento: los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si, por negligencia, por miedo, por vergüenza —lo que san Pablo llamaba avergonzarse del Evangelio— o por ideas falsas, omitimos anunciarlo?»

El sentido de este texto es el siguiente: Dios puede salvar más allá de nuestro anuncio; pero si no predicamos, ¿podemos ser salvos? No en el sentido de que si no evangelizamos faltamos a un deber, sino en el sentido de que nosotros, destinatarios preciosos de la gracia, no la hemos hecho nuestra, no nos ha alcanzado. Y entonces es legítimo cuestionar nuestra salvación. Si el encuentro con el Señor Jesús ha llegado a nuestra vida, no puede ser tenido solo para uno mismo. Si lo mantenemos solo para nosotros, entonces no nos ha alcanzado de verdad, y por lo tanto es legítimo cuestionar nuestra salvación.

«El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar… No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos.»

Evangelii Gaudium, 265-266

La motivación: la alegría

La motivación del anuncio es doble: la alegría de lo que se nos ha dado gratuitamente y con amor, y el deseo de dar a los demás lo que es más valioso para nosotros y sin mérito nuestro: «para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1,1-4).

El centro de la vida del evangelizador es una relación personal. Sin la experiencia de la amistad y de la presencia de Jesús, se pierde el entusiasmo, se deja de estar seguro de lo que se transmite, falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie. Se trata de que el fuego del Espíritu arda dentro del evangelizador, como aquel que habla desde dentro y no desde afuera.

A partir del encuentro con Cristo, el discípulo misionero se reconoce a sí mismo como marcado a fuego para la misión de iluminar, bendecir, vivificar, sanar y liberar, animado por la pasión por Jesús y su pueblo (EG, 201); misión que compromete toda la vida. El encuentro se prolonga en la intimidad itinerante con Él, que lleva a la docilidad, al dejarse conducir por el Espíritu que ilumina y guía.

La obra de la evangelización no es nuestra, es de Él. El Resucitado actúa y no falta su gracia. En consecuencia, no se pierde ninguno de los trabajos realizados con amor, ni las preocupaciones, ni los cansancios, ni la paciencia vivida. Es el encuentro con Él lo que constituye la primera motivación para evangelizar. Estas convicciones alimentan la alegría misionera.

La virtud de la caridad es alcanzar almas para Dios; nuestra misión es iluminar y dar razón de nuestra fe. «¡Ay de mí si no evangelizo!», dice san Pablo. Y nos lo advierte a cada cristiano: estamos llamados a hacer discípulos, no solo a compadecernos de los no creyentes, sino a anunciar a Cristo Resucitado, nuestra alegría.

La parábola de la levadura — símbolo del Reino de Dios

La parábola de la levadura — símbolo del Reino de Dios

Nuestro ser Iglesia nos compromete a ser lugar de misericordia gratuita, donde todos se sientan acogidos, amados, perdonados y alentados a vivir el Evangelio. Ello implica el proceso de hacerse todo para todos: Cristo mismo se anonadó tomando la condición de esclavo, bajó a los infiernos de nuestra miseria y desde allí nos redimió con su Sangre. En otras palabras, vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los desafíos como fermento testimonial.

En el esfuerzo por construir comunión, el privilegiar a los pobres es expresión de fe en Cristo pobre y cercano a los pobres, ya que el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para ellos. Ello implica la ascesis que lleva a liberarse de las cadenas del individualismo indiferente y egoísta, y la preocupación por el cuidado de los más frágiles, los lentos, los débiles y los menos dotados.

El testimonio de comunión fraterna entre cristianos será atractivo y resplandeciente gracias al esfuerzo de cuidado, aliento y acompañamiento mutuo. Implica la mística del vivir juntos: mezclarnos, encontrarnos, tomarnos de los brazos, apoyarnos, participar; lo que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación, en la unidad y el amor fraterno. Se cultiva con la cercanía, el cariño y la ternura, teniendo como icono a María, para así poder anunciar a Jesús.

— Rafael Verger
La cruz al amanecer — símbolo de la Resurrección
✦ Reflexión

La Resurrección: ¿qué significa creer que Cristo resucitó?

José Francisco
6 de abril de 2026

Acabamos de vivir la Semana Santa. Las procesiones, el silencio del Viernes Santo, la oscuridad del Sábado... y de repente, el domingo, el anuncio que lo cambia todo: «¡Ha resucitado!»

Pero seamos sinceros. Muchas veces decimos esas palabras casi de memoria, como quien recita algo aprendido de niño. Y sin embargo, si nos paramos un momento y nos preguntamos de verdad qué significa que Cristo resucitó... la pregunta es enorme.

No es lo mismo resucitar que revivir

Lázaro volvió a la vida. Los médicos reaniman a personas que habían dejado de respirar. Pero todos ellos, tarde o temprano, volvieron a morir. La Resurrección de Cristo es otra cosa completamente distinta. Jesús no volvió a la vida para morir otra vez. Entró en una vida nueva, definitiva, que ya no tiene fin. Una vida que está más allá de todo lo que podemos imaginar.

Y esa vida, nos dice el Evangelio, está abierta también para nosotros.

¿Por qué importa tanto?

San Pablo lo dijo con una claridad que da vértigo: «Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido» (1 Cor 15,17). No lo suavizó, no lo adornó. Si la Resurrección no ocurrió, todo lo demás — las misas, las oraciones, el esfuerzo por vivir bien — sería un engaño.

Pero si ocurrió — y los apóstoles lo afirmaron con tal convicción que prefirieron morir antes que negarlo — entonces cambia absolutamente todo. El dolor tiene sentido. La muerte no es el final. El amor es más fuerte que cualquier cosa.

La Virgen de Fátima aparece a los tres pastorcillos

Las apariciones de Fátima — 1917

Creer no es solo aceptar un dato histórico

Creer en la Resurrección no es como creer que Napoleón existió o que la Tierra es redonda. Es algo mucho más personal. Es confiar en que el mismo Jesús que resucitó está vivo hoy, ahora mismo, y que le importas. Que te conoce por tu nombre. Que el bien que haces no se pierde. Que las personas que has querido y que ya no están contigo no han desaparecido para siempre.

Creer en la Resurrección es, en el fondo, atreverse a vivir con esperanza.

Y aquí entra Fátima

En 1917, en un mundo sacudido por la guerra y el miedo, la Virgen María se apareció a tres niños en Fátima. Su mensaje, en el fondo, no era complicado: rezad, convertíos, volved a Dios. Pero detrás de esas palabras sencillas había algo más profundo: un recordatorio urgente de que Cristo ha vencido, de que el bien triunfa sobre el mal, de que la historia no está en manos del caos sino en manos de Dios.

La Virgen no vino a asustar. Vino a señalar lo mismo que señaló siempre: a su Hijo. Al Resucitado. Su mensaje es, en esencia, el mismo mensaje de Pascua: no tengáis miedo.

Por eso el Apostolado de Fátima no es simplemente una devoción más. Es una escuela de esperanza. Cada Rosario que rezamos es una forma de decir que creemos en ese Cristo vivo que venció a la muerte. Cada vez que nos reunimos, cada vez que rezamos juntos, estamos afirmando con nuestra vida que la Resurrección importa, que cambia las cosas, que cambia a las personas.

El Rosario — oración que une tierra y cielo

El Rosario — oración que une tierra y cielo

«No tengáis miedo. Yo he vencido al mundo.»

Jn 16,33

Una pregunta para llevar en el bolsillo

Esta semana, cuando el ruido del día a día vuelva a llenarlo todo, quizás valga la pena hacerse esta pregunta sencilla: ¿Vivo yo como alguien que cree de verdad que Cristo resucitó?

No para juzgarnos. Sino para recordar que esa fe, si la dejamos entrar de verdad, tiene el poder de transformar cualquier cosa. Incluso lo más oscuro de nuestra vida.

— José Francisco
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✦ Entrevista

«Soy la criadita de María» — Catalina, voz del Rosario de la Aurora y Radio María en Mallorca

Catalina — Coordinadora de Radio María en Mallorca
Entrevistada
Catalina Bauzá
Coordinadora de Radio María · Presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca
27 de marzo de 2026

Catalina lleva casi dos décadas siendo la voz y el corazón de Radio María en Mallorca. Pero su historia con la Virgen va mucho más allá de los micrófonos: atraviesa una enfermedad que casi le cuesta la vida, un amanecer en las calles de Palma y una deuda de gratitud que dice jamás podrá saldar. La entrevistamos para conocer su testimonio de fe.

Pregunta

¿Cómo llegaste a Radio María y al Rosario de la Aurora? ¿Sientes que la Virgen te fue llevando hacia ello?

Llegué a Radio María a través del coche. Estaba conduciendo y de repente se sintonizó Radio María sin haberla buscado. El primer día me quedé un poco sorprendida, sin saber muy bien qué era aquello. Y en alguna otra ocasión volvió a ocurrir lo mismo: esa radio seguía apareciendo, como si me buscara, como si insistiera en hacerse notar. Y así, de forma sutil pero persistente, fue calando en mí, hasta que llegó a llamarme enormemente la atención por las creencias que yo tenía. Decidí llamar a Madrid, y desde allí me remitieron al responsable que había en ese momento en Mallorca. Se alegró muchísimo porque empezaba la andadura aquí y necesitaban gente. En aquel momento éramos tres: dos hombres y yo. Poco a poco fue viniendo gente y se fue haciendo más grande. Me preguntó si quería ser la responsable de la difusión, dije que sí, y juntos cada sábado íbamos a misa y después salíamos a un pueblo, a otro, a los conventos, a las parroquias para que Radio María se conociera en toda Mallorca. Al final lo conseguimos, gracias a Dios. Un día me llamaron desde Madrid y me dijeron: «Catalina, vamos a nombrarte coordinadora.» Fue un cambio importante, pero aquí llevamos ya unos 19 años en Radio María, y yo llevo unos 17 como coordinadora del grupo de Mallorca.
Pregunta

¿Cómo nació en ti la idea de impulsar el Rosario de la Aurora en Mallorca?

El Rosario de la Aurora es algo muy especial para mí porque me viene muy ligado a una enfermedad que tuve. Sentí que la Virgen estaba conmigo en esos momentos, que me salvaba la vida. No había solución, y fueron momentos decisivos. No podía hablar, tenía mucho dolor, y desde mi mente me dirigía a Ella, poniéndome en sus brazos. Simplemente le decía: «No hay nada que hacer, me pongo en tus brazos.» Y Ella me salvó. Tengo una deuda que jamás le podré pagar a la Virgen. Y de ahí salió la idea de volver a iniciar en Mallorca el Rosario de la Aurora, como estaba hace muchos años y que había desaparecido. Lo hemos vuelto a instaurar en Palma, y esa Virgen que sale a la calle... cuando yo la miro pienso: «Tú estabas conmigo.» Y nunca en mi vida le podré pagar lo que ha hecho por mí.
Catalina Bauzá — Coordinadora de Radio María en Mallorca

Catalina Bauzá · Coordinadora de Radio María · Presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca

Pregunta

¿Qué sientes cuando sales a rezar el Rosario al amanecer por las calles de Palma?

Para mí salir por las calles de Palma al amanecer me conmueve, porque pienso que la Virgen sale hacia todas esas personas que a esa hora se encuentran en la calle, posiblemente camino de su trabajo. Lo he podido ver: mientras la Virgen va caminando y nosotros vamos con Ella rezando, muchas veces nos encontramos con chicas jóvenes, con gente joven, que al verla pasar desde la acera se detienen un instante y le dedican un gesto espontáneo de ternura, como si el corazón les hablara antes que la razón. Para mí eso me emociona: ver que es Ella quien va en busca de sus hijos, y los encuentra cuando van quizás a comprar el pan, o a su trabajo, o se retiran de haber pasado la noche con amigos. También me emociona llegar a algún convento donde la reciben con las campanas. Recuerdo un año en que abrieron las puertas y la recibieron con un velón encendido cada una de las hermanas. Fueron momentos muy hermosos. Ella no solo recibe a sus hijos: camina y se acerca a ellos. Sale a la calle.
Pregunta

¿Cómo describirías tu relación personal con la Virgen María?

Mi relación con la Virgen es a diario: el Rosario a diario, estar con Ella a diario. Como cualquier cristiano que se siente unido a su madre. Todos tenemos una madre aquí en la tierra, ¿y qué hijo no le gusta estar con su madre, hablar con ella, acercarse a ella? Pues es lo mismo. Lo que pasa es que no la vemos físicamente, pero la sentimos, la notamos en el corazón. Yo la noto a mi lado en muchos momentos. Le pido que me acompañe, que me guíe, que me ayude. Siento ese contacto, esa unión, ese calor con la Virgen María. Es nuestra madre. Y tanto en Radio María como con el Rosario de la Aurora me siento muy ligada a Ella.
Pregunta

¿Ha habido algún momento en tu vida en que sintieras la presencia de la Virgen de forma especial?

Sí, la sentí cuando estuve muy grave en la UCI. La sentí en todo momento, en todos los días que estuve en el hospital. Cuando desperté de aquel momento fatídico y dramático, vi una imagen suya que me habían traído, y lo único que pensé fue: «He quedado.» ¿Y qué más podía hacer yo que trabajar por Ella, estar con Ella para lo que me pida? Yo siempre digo una cosa: que soy la criadita de María. Si quiere alguna cosa que yo buenamente pueda hacer, que me lo ponga en el pensamiento, que para Ella lo haré.
Pregunta

¿Qué le dirías a alguien que nunca ha rezado el Rosario o que se ha alejado de la fe?

Esas personas que sienten ese vacío que no saben cómo llenar... eso realmente es la ausencia de María y, en especial, la ausencia del Señor. Desgraciadamente vivimos una época en que hay mucha gente que necesita una palabra de consuelo, una palabra de cariño. Pensar que estás en este mundo de paso, que trabajas, que sufres enfermedades, que te quedan sin nadie... y todo esto sin ver un final positivo, sin sentir la mano de Dios. Eso es muy duro. Yo le pediría a estas personas que den un voto de confianza a la Virgen y al Señor, pero también a esa mano amiga que se acerca a ellos. No para marcarles nada en la cabeza, sino para enseñarles un camino. Ese tesoro que guardamos en nuestro interior es un regalo de María, y ellos también pueden tenerlo. Basta con empezar a abrir ese lazo, porque dentro de esa caja hay el tesoro de la vida más extraordinario. Y cuando se termine esta vida, nos encontramos con los brazos de María que nos lleva a Cristo.

«Basta con empezar a abrir ese lazo, porque dentro de esa caja hay el tesoro de la vida más extraordinario. Y cuando se termine esta vida, nos encontramos con los brazos de María que nos lleva a Cristo.»

— Catalina Bauzá, coordinadora de Radio María en Mallorca
y presidenta del Rosario de la Aurora de Mallorca
✦ Reflexión de Semana Santa

Semana Santa: ¿vacaciones o encuentro con Dios?

Rafael Verger
25 de marzo de 2026

La Semana Santa ha arrancado con un tiempo espléndido que ha animado a muchos españoles a coger el coche, el vuelo o el tren y aprovechar estas pequeñas vacaciones. Pero hay propuestas para todos, también para los que se quedan descansando en casa.

La recuperación económica anima a gastar en ocio de nuevo, según los hosteleros. Los españoles no solo viajarán más que hace un año, sino que lo harán por más tiempo. Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada y Málaga son los destinos preferidos.

¿Eres cristiano? ¿Son para ti días de vacaciones?

El significado de esta semana es puramente cristiano; sin embargo, este período de asueto es empleado por muchas personas para realizar actividades de esparcimiento y diversión. Este «tiempo santo» muy bien podría ser utilizado para reflexionar en qué cosas podemos hacer para realizar cambios positivos en nuestras vidas.

El verdadero significado

Para los cristianos, la Semana Santa es el tiempo litúrgico más importante, dedicado a la oración y a la reflexión sobre los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios.

Los cristianos interpretan la Semana Santa no como el recuerdo de un hecho histórico, ni como un momento de vacaciones sin sentido; para ellos es tiempo de perdón y de reconciliación fraterna, expulsando de sus corazones el rencor, el odio y la envidia.

El Triduo Pascual

Jueves Santo — Abre el Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico.

Viernes Santo — Se conmemora la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Sábado Santo — Se medita sobre el misterio de la pasión de Cristo.

Domingo de Resurrección — El momento de mayor júbilo: se celebra la resurrección de Jesús.

Sea cual sea la manera en que cada uno viva estos días —de viaje, en casa o en oración—, la invitación de la Iglesia es siempre la misma: detenerse, mirar hacia dentro y renovar el encuentro con el Dios que murió y resucitó por amor a cada uno de nosotros.

— Rafael Verger
✦ Reflexión espiritual

El hombre que quiso ocupar el lugar de Cristo

José Francisco
22 de marzo de 2026

Un hombre rezaba con frecuencia delante de un crucifijo. Mirando a Jesús en la cruz, pensaba que el mundo estaba lleno de injusticias que él no entendía. Un día, mirando fijamente el crucifijo, dijo en voz alta: «Señor, permíteme ocupar tu lugar aunque sea por un momento. Déjame estar en la cruz y tú baja aquí. Quiero sentir lo que tú sentiste.»

Y en ese instante, de manera misteriosa, el hombre se encontró en la cruz y Jesús estaba de pie ante él. El hombre, desde arriba, miraba todo con nuevos ojos. Veía la iglesia, las personas que entraban y salían, el bullicio de la vida ordinaria. Y en un momento dado, entró un hombre adinerado y oró, y después depositó una gran limosna. El hombre en la cruz pensó: «Yo le habría dado todo, no solo una limosna.»

Luego entró una mujer pobre con un niño pequeño. Oró con fervor, y al marcharse, sin darse cuenta, dejó caer su pequeño monedero. El hombre rico, que aún estaba cerca, lo recogió y se lo guardó en el bolsillo. El hombre en la cruz, indignado, quiso bajar y hacer justicia. Pero Jesús, desde abajo, le susurró: «Quédate quieto y calla.»

Más tarde entró un marinero joven, que claramente llevaba una larga travesía encima. Oró brevemente y se quedó dormido en el banco. Poco después entró un anciano que empezó a insultar al marinero, acusándolo de borracho y vago. El hombre en la cruz quiso intervenir, gritar, defender al muchacho inocente. Y de nuevo, Jesús le dijo: «Quédate quieto y calla.»

La lección que no esperaba

Al terminar el día, Jesús le dijo al hombre que bajara de la cruz. El hombre, lleno de rabia e indignación, reclamó: «¿Cómo pudiste quedarte callado? ¡El rico robó a la pobre! ¡El anciano insultó al inocente! ¿Dónde está la justicia?»

Y Jesús respondió con calma: «Cuando el rico recogió el monedero, la mujer pobre no lo notó. Llegó a casa, lo buscó desesperadamente y, al no encontrarlo, rezó con más fervor que nunca y encontró paz. El marinero que parecía borracho llevaba meses en el mar y esta era su primera noche en tierra. Si no se hubiera dormido aquí, habría ido a buscar alcohol y habría destruido su noche. Y el anciano que le insultó no era un mal hombre: estaba confundiendo al marinero con el hombre que hace años mató a su hijo. No era odio, era dolor.»

«Tú solo veías una pequeña parte de la historia. Yo veo la vida entera de cada persona. Por eso, cuando estás en mi lugar, lo que parece injusto desde fuera puede ser exactamente lo que alguien necesita.»

La conexión con Fátima

Este relato me recuerda el mensaje de Fátima. La Virgen no vino a explicar el sufrimiento del mundo. Vino a invitarnos a confiar: a rezar, a ofrecer, a no perder la fe aunque no entendamos. Igual que el hombre en la cruz no podía ver lo que veía Jesús, nosotros tampoco vemos el cuadro completo de la vida de los demás, ni de la nuestra propia.

La oración del Rosario es precisamente eso: un acto de confianza. Un «me pongo en tus manos» repetido misterio a misterio. Un reconocimiento de que hay una mirada más grande que la nuestra, y que esa mirada es amor.

«Tú solo veías una pequeña parte de la historia. Yo veo la vida entera de cada persona.»

— José Francisco
✦ Reflexión bíblica

Cuando una historia pequeña cambia la historia

José Francisco
17 de marzo de 2026

El Libro de Rut es uno de los relatos más breves de la Biblia, pero cuenta una historia muy humana. Una familia de Belén se marcha a Moab a causa del hambre. El padre muere. Los dos hijos se casan con mujeres moabitas. Y luego, los dos hijos también mueren. Noemí, la madre, se queda sola en tierra extranjera, sin marido, sin hijos, sin futuro visible.

Decide volver a su tierra. A sus nueras les dice que se vayan, que busquen un nuevo futuro en sus propios pueblos. Una de ellas, Orfá, la besa y se marcha. Pero Rut se aferra a ella y pronuncia unas palabras que han atravesado siglos: «A donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.»

Una decisión que cambia todo

Esa decisión de Rut —quedarse, acompañar, fidelidad sin garantías— cambia el curso de una historia que ella no podía imaginar. Llegan a Belén. Rut va a espigar al campo de Booz, un hombre rico y bueno que resulta ser pariente de Noemí. Booz la trata con respeto, le da agua, le permite comer con sus trabajadores, le ordena a los segadores que dejen caer espigas a propósito para que ella las recoja.

Al final, Booz la toma por esposa. De esa unión nacerá Obed, el padre de Jesé, el padre de David. Y de la línea de David nacerá Jesús de Nazaret. Una mujer extranjera, viuda, sin recursos, que tomó una decisión de fidelidad en medio de la desolación, se convierte en parte del árbol genealógico del Salvador.

«A donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.»

— Rut 1, 16

Lo que nos dice hoy

La historia de Rut nos recuerda que Dios trabaja a través de decisiones pequeñas, de fidelidades cotidianas, de actos de amor que no parecen grandiosos pero que tienen un peso enorme en la historia real. No hacen falta grandes gestos. Hace falta quedarse cuando todo invita a marcharse. Hace falta acompañar cuando nadie te lo exige.

En el Apostolado de Fátima hacemos algo parecido: nos quedamos. Rezamos cuando podría parecer que no sirve de nada. Acompañamos a personas que quizás nunca sabremos cuánto necesitaban ese acompañamiento. Y confiamos en que Dios, que vio la fidelidad de Rut, también ve la nuestra.

Dios trabaja a través de decisiones pequeñas, de fidelidades cotidianas, de actos de amor que no parecen grandiosos pero que tienen un peso enorme en la historia real.

— José Francisco
✦ Reflexión pastoral

Hacia una Nueva Evangelización

Rafael Verger
9 de marzo de 2026

La fe hay que cuidarla. Como todo lo que vale en la vida, necesita atención, tiempo y renovación. Y hoy, más que nunca, la Iglesia nos invita a pasar de una acción personal de fe a una acción expansiva: compartirla, comunicarla, hacerla visible.

La Nueva Evangelización no es un concepto nuevo inventado por los teólogos modernos. Es la respuesta de la Iglesia a una pregunta muy concreta: ¿cómo anunciamos el Evangelio a personas que ya fueron bautizadas, que conocen a Cristo de nombre, pero que se han alejado de la fe viva? No es misión en tierras lejanas. Es misión en nuestro barrio, en nuestra familia, en nuestra comunidad.

Nuevo en el ardor, en los métodos, en la expresión

San Juan Pablo II, que acuñó esta expresión, decía que la Nueva Evangelización debía ser nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión. No el mismo mensaje dicho de la misma manera esperando resultados diferentes. Sino el mismo mensaje eterno comunicado con la frescura, la creatividad y la valentía que el momento histórico requiere.

Esto implica salir. No esperar a que la gente venga a nosotros. La Virgen de Fátima nos da un ejemplo hermoso: ella no esperó que los pastorcillos fueran a buscarla. Fue ella quien los buscó. Salió a su encuentro en un lugar ordinario, en medio de su vida cotidiana, mientras cuidaban los rebaños.

La Nueva Evangelización no es hablar más de Dios. Es vivir de tal manera que nuestra vida haga preguntas que solo Dios puede responder.

El Apostolado como escuela de evangelización

El Apostolado de Fátima es, en sí mismo, una forma de Nueva Evangelización. Cuando rezamos el Rosario en público, cuando compartimos un artículo de reflexión, cuando organizamos una peregrinación o simplemente cuando hablamos con naturalidad de nuestra fe a quienes nos rodean, estamos evangelizando.

No hace falta ser teólogo. No hace falta tener respuesta para todas las preguntas. Hace falta, como decía el Beato Carlos de Foucauld, ser una «presencia» del amor de Dios allí donde estamos. Una presencia silenciosa pero real, que atrae por lo que es, no solo por lo que dice.

La Virgen no esperó a que los pastorcillos fueran a buscarla. Fue ella quien los buscó. Salió a su encuentro en un lugar ordinario, en medio de su vida cotidiana.

— Rafael Verger

Apostolado Mundial de Fátima · Delegación de Mallorca · fatima-mallorca.es