Testimonio de un misionero
Consagrado el 8 de diciembre de 2014, inició su camino como misionero en 2023, dejándose formar por el molde perfecto de la Virgen María para acercar almas al Señor.
Desde una percepción personal, pertenecer o ser parte de Lazos de Amor Mariano significa amar y dejarme amar por el Señor a través de un amor maternal y puro como el de su Santísima e Inmaculada Madre, la Virgen María. Y es aquí cuando ese amor da frutos de diferentes maneras en las personas que viven esta espiritualidad mariana; en mi caso, desde que me consagré el 8 de diciembre de 2014 viví como amigo de la comunidad, pero en el 2023, en un retiro espiritual católico de LAM, fue cuando surgió ese impulso desde el corazón de ser misionero, e inicié ese sí al Señor dejándome formar por ese molde perfecto, como lo llama San Luis María Grignion de Monfort, María, madre de Dios, para aquellas almas que quieren alcanzar la santidad muy a pesar de sí mismas.
Y lo mejor de este camino es todo lo que se puede evangelizar y acercar almas al Señor en este proceso tan bonito, que me ha permitido vivir enamorado del caminar más cerca del Señor de la mano de su Santísima Madre. Claro, el camino ante los ojos del mundo no es fácil, está lleno de espinas, pero cuando se recorre con una fe viva en tu vida diaria, realizando las prácticas del misionero LAM —la oración, la eucaristía y vivir los sacramentos como deben ser—, se vuelven parte tan vital en tu vida, que sientes en todo tu ser que es lo que necesitas para vivir, así como el cuerpo necesita el aire para respirar.
Por ello, un misionero de LAM tiene la certeza de asegurar lo que dice el Apóstol Santiago en su capítulo 2, versículo 18.
«Por el contrario, alguien dirá: tú tienes la fe, y yo las obras. Muéstrame, si puedes, tu fe sin obras, y yo con mis obras te mostraré mi fe.»
Santiago 2, 18
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